Sobre tampones y copas menstruales
Las copas menstruales aparecieron en los años´30 y se pusieron a la venta a la vez que el primer tampón. En esta época no se consideraba “correcto” que las mujeres se tocaran la zona vaginal. Los fabricantes del tampón superaron este obstáculo proporcionando los aplicadores desechables que todavía encontramos hoy flotando en los WC. Las copas menstruales requieren ponerse “manos a la obra” y sólo las compraban las mujeres más liberales de aquella época.
Comercialmente, el tampón es un producto más viable, ya que la clientela necesita comprarlo mes tras mes, los fabricantes de copas no esperan hacer ventas repetidas a las clientas satisfechas, sólo a sus amistades y familiares. Tristemente, unas cuestiones tan íntimas no se discutían en público en los años´30. Las ventas de tampones subieron vertiginosamente y se lanzaron campañas masivas de publicidad. Los productos desechables de higiene femenina se convirtieron pronto en una necesidad establecida en la sociedad occidental moderna.
Las copas menstruales y los paños lavables ganaron popularidad en los´80 y las mujeres empezaron a buscar alternativas ecológicas y más baratas a los productos desechables. Hasta que apareció Mooncup, las copas menstruales estaban hechas de látex, que es un derivado de la sabia del eucalipto. El látex es conocido como un alergénico, las reacciones pueden variar desde una pequeña irritación, picor e inflamación hasta pinchazos y pérdida de sensación.
Mooncup es la primera copa menstrual que se fabrica con silicona médica, un material más suave, seguro y atractivo. La silicona es un derivado del sílice, que se halla en el cuarzo y la arenisca, uno de los recursos más abundantes de nuestro planeta.